Louis Le Duff



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Un oficio que siempre tiene
las manos en la “masa”:
masa de pan, masa de bollo,
masa de repostería,
masa de pizza…

Más tarde, desarrolla un sistema de suscripciones a largo plazo y se convierte en director de equipo: así contrata a unos cuarenta estudiantes para vender periódicos en el oeste de Francia.

Crear su propia empresa era algo vital, casi genético para él. Curiosamente, la oportunidad no le llega desde Bretaña sino del Norte. Lee en la revista Entreprise la historia de Paul Dubrule y decide que él también va a cruzar el Atlántico. ¿No tiene dinero? Eso no le va a detener.
Pasa una prueba de selección estatal y consigue una beca para preparar un MBA, Master in Business Administration, en la Universidad de Sherbrooke, cerca de Montreal, a comienzos de los años 1970.

No sabe nada acerca del mundo de la restauración, pero conoce muy bien el éxito de las creperías en Montreal y Nueva York. Por eso, sin abandonar sus estudios universitarios, decide abrir una en una estación de esquí de Quebec. De esta forma, toma contacto por primera vez con el oficio…

Descubre que, sobre todo en América, cualquiera que realmente se lo proponga puede lanzarse a la aventura de los negocios y tener éxito. La receta de su éxito reside en este cóctel de educación y energía.

Durante los cuatro años que pasa en Norteamérica, descubre el estilo de vida norteamericano: “Los norteamericanos nos llevaban diez años de ventaja en sus hábitos de vida y de consumo:
  marido y mujer tenían su propio coche, ambos trabajaban fuera de casa, tenían una jornada laboral continua, circulaban por autopistas, viajaban mucho, dormían en moteles, compraban en supermercados, comían en cadenas de restaurantes… Yo sabía que esos mismos cambios se iban a producir en Francia. Estuve barajando varios proyectos: desde una cadena de tiendas de material informático a la venta por teléfono”.

Finalmente, Louis LE DUFF se decide por la neo-restauración. Nada más regresar en el año 1974, pasa a la acción. Regresa al mundo universitario, en esta ocasión en calidad de docente, para ser primero profesor adjunto en la Escuela Superior de Comercio de Rouen y después maestro adjunto en el Instituto de Tecnología de la Universidad de Rennes, donde posteriormente se convertiría en maestro de conferencias. Esta etapa en su vida sacia su sed de aprender y de enseñar, le proporciona un salario para vivir y, sobre todo, le deja tiempo libre y le da libertad para dedicarse a su proyecto, puesto que dedicarse a tiempo completo a la docencia sólo representa 192 horas lectivas al año.

¿Su objetivo? ¡Nada de crepes en Bretaña! Las hay por todas las esquinas… No, el proyecto de Brioche Dorée estaba muy claro en su mente, un concepto de restauración rápida de tradición francesa: “La idea es reagrupar bajo un mismo techo el pan del panadero, la mantequilla del mantequero, el jamón del charcutero